¿QUIÉN MATÓ EL ROCK?

Hace unos días se publicaron los cabezas de cartel del Resurrection Fest del 2026. Iron Maiden, Limp Bizkit, Marilyn Manson son los tres nombres con más peso, seguidos de Trivium, Cavalera Conspiracy, P.O.D. y Blood Incantation, en una segunda fila y por otros 10 nombres cada vez más pequeños de entre los que no destaca ninguno en particular, o destacan todos, en función de tus gustos musicales. 

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Curadores, listas y aceleración

Hoy es 11 de diciembre. No sé qué día saldrá esta newsletter ni cuando quedará colgada en la web. Pero hoy es 11 de diciembre. Mi intención con este nuevo enfoque al proyecto Dugarry es, entre otras cosas, ofrecer un acercamiento a la música menos algorítmico de lo que el estándar de la industria está imponiendo. Sobre las posibles consecuencias negativas y hacía dónde nos está evocando esto ya tendremos tiempo de comentarlo pero de momento nos podemos quedar con la idea de que cada vez somos menos soberanos de las decisiones que tomamos y mucha gente ya ni tan siquiera escoge la música que escucha. Y lo perverso es que no lo saben. Aquí es donde entra la figura del curador, otrora también llamado amigo o colega que escucha buena música. Sin embargo en este ecosistema en el que cada vez queda menos gente en tu entorno cercano haciendo una selección activa de música se hace muy difícil que aparezca alguien con el primer disco de los próximos Ramones bajo el brazo y te diga “tio tienes que escuchar esta banda”. Estas figuras se han movido a las redes. Son los Fantano, Parkman, Pizá, Paniagua, etc. que con una mezcla muy potente de buen gusto, olfato y dotes comunicativas, generan contenido mediante el cual, entre otras cosas, recomiendan música.  El problema es que están sometidos a los mandatos de la vida actual. Ya no son tu colega que acaba de hallar, no se sabe cómo, una banda increible. Son autónomos que pagan facturas gracias a este contenido. Con lo que este, aunque muchas veces sea gratis, ya no es desinteresado. Se debe a las muchas lógicas modernas. Podríamos destacar varías pero hoy me interesa hablar de la de la aceleración. Explicado de una forma muy breve, Hartmut Rosa sostiene

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Y de repente silencio.

Hace tiempo que estoy mirando de buscar formas de salir del algoritmo, no solo de Spotify y esta newsletter recogerá algunos de los motivos y reflexiones detrás de este movimiento. Por supuesto hay muchos: venta de armas, relación con Israel, pago insuficiente a los artistas, uso de música generada por inteligencia artificial… Y no todos son monopolio exclusivo de Spotify. Creo que si abrimos el debate de las plataformas de streaming debemos abrirlo para todas y para todo. En este contexto decidí esta semana probar Bandcamp, que más allá de haberlo usado con bandas pequeñas muy independientes jamás me había planteado que podría usarlo para escuchar a artistas más mainstream. Tampoco es que me fuera al Top 10 del billboard pero la primera cuyo catálogo escogí para escuchar en esta plataforma fue Marina Herlop que, si bien no llenará 4 Estadis Olímpics, como Oques Grases, dentro del panorama catalán es de las pocas que puede decir que se gana la vida con la música. Y además, es muy buena. Me puse su tercer álbum Nekkuja, un trabajo de 7 temas que no debe llegar a la media hora de duración. Salí a caminar, que es un hábito que estoy intentando incorporar desde hace unas semanas tras ver que mi actividad basal, si descuento mi hora de entrenamiento, hay días que no superar los 2000 pasos, mientras me dispuse a escuchar el álbum de la forma más activa que mi vida me permite hacerlo. Caminar y escuchar música. No es mal plan en verdad. El trayecto transcurrió sin más complicaciones hasta que se terminó el álbum. Y de repente silencio. En un instante que no llegó al segundo pasaron por mi cabeza varios pensamientos: repasé mentalmente si había cargado el móvil la noche anterior; me cagué en la puta ante la

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La ética de disparar pistas en directo

Hablemos de disparar. Pistas en directo, concretamente. O mejor dicho, hablemos de ahorrarnos músicos en concierto. Un debate que sin duda, nos hace esclavos de nuestro tiempo. Vivimos en la era de las computadoras, de los DAWS y de la música hecha en habitaciones y los dilemas éticos y morales a los que nos enfrentamos son fruto de esto. Sin embargo, no es la primera vez que el mundo de la música tiene debates sobre cuestiones parecidas. El más reciente que me viene a la cabeza es el uso del Autotune. Este plugin, que se creó con intenciones muy alejadas del arte, ha sido usado, sobre todo, para disimular carencias a la hora de afinar la voz. Sin embargo, 20 años más tarde, artistas que saben cantar muy bien, usan Autotune simplemente como recurso estético. Y esta percepción Autotune = no se sabe cantar ya se superó. Uno puede escuchar los efectos del plugin y pensar que está hecho simplemente por cuestiones de estilo y no porque el artista lo necesite para cantar. De la misma forma, podemos tener este debate con efectos como la reverb, que ya se puede aplicar de manera artificial con software o pedales. De hecho, un buen amigo y uno de los mejores productores que conozco, Gere, tiene un plugin que le permite emular la reverb de salas míticas como la CBGB. Puedes robarle la sala a los Ramones y nadie se cuestiona ya, que el hecho de que estés cogiendo la reverb de un sitio en el que no estás y aplicándolo o a un instrumento que ha sido grabado en una estudio que se encuentra en la otra punta del mundo, sea hacer trampas. O podemos hablar también de la distorsión. Esta ha sido siempre, como bien explica Oriol Russell en su libro

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La distancia entre Rosalía y Merzbow

Una de las tradiciones que más me gusta de la Navidad es el Whisky & Wax. Este ritual, que tiene ya prácticamente una década, consiste, como su propio nombre indica, en algo tan sencillo como quedar con unos amigos, beber whisky y escuchar música en vinilo. Un tanto pretencioso, lo sé. La fiesta tiene sus normas: la música tiene que ser obligatoriamente pinchada en vinilo; para asistir, debes traer como mínimo un disco o una botella de whisky; en cuanto se pone un vinilo, es obligatorio escuchar una cara seguida; y se establece una cola de reproducción que consiste básicamente en acumular un LP tras otro. La mayoría de mis amigos (me incluyo) venimos de una herencia muy rockera, con lo cual el Whisky & Wax transcurre con una ingesta moderada de whisky y desmedida de rock, entendido en todas sus formas imaginables. Estas han ido desde el You Suffer de Napalm Death, álbum de grindcore de 1 tema por cara de 1 segundo de duración cada una, hasta rarezas de psychobilly de los 80. Todo vale en el Whisky & Wax. Este año decidí romper esta norma no escrita y pinchar el Kick I de Arca. En cuanto empezó a sonar, rápidamente mis amigos se percataron de que algo extraño estaba sucediendo. De que no eran habituales ese tipo de sonidos, texturas, ambientes y ritmos en nuestra tan querida fiesta de músicas analógicas. Les expliqué quién era Arca, lo que hacía y qué papel jugaba en la industria hasta que uno de ellos (probablemente el más rockero de todos) me sorprendió con una pregunta: “¿Pero a ti realmente te gusta esto?”. La pregunta me dejó pensando. Varios días, de hecho. ¿Me gusta Arca de verdad? Sé que la escucho. Y sé que lo hago en solitario y no solo

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Salir de Spotify es un error

Cada vez son más los proyectos musicales que se alzan posicionándose como disidentes y ofreciendo una forma de protesta no violenta contra Spotify en forma de boicot. El debate va creciendo y van aumentando las organizaciones que tienen como misión hacer desaparecer la empresa sueca y a poco que uno haya estado muy desconectado de la actualidad de la industria musical, se habrá topado con algún cartel reivindicando un trato más justo al músico, casi siempre capitalizado por un castigo a Spotify. Yo tomé la decisión de salir de allí hace meses. Por supuesto no soy un pionero. Soy solo coetáneo a mi tiempo y como tal, contemporáneo de sus problemáticas. Sin embargo hoy vengo a explicar porqué creo que es un error salir de Spotify. Para entender la lógica que rige la plataforma de streaming hay que entender en qué contexto se encuentra esta. Si mi rápido googleo no me ha fallado Spotify salió a bolsa un 3 de abril de 2018. Aquel día Spotify dejó la piscina de los pequeños y pasó a jugar en la de los mayores y allí las normas son distintas. En ese momento, la empresa dejó de responder únicamente a sus usuarios (oyentes y artistas) y entró de lleno en lo que la literatura empresarial denomina teoría de los stakeholders. Esta teoría, desarrollada principalmente por autores como R. Edward Freeman, sostiene que una empresa no solo debe rendir cuentas a sus accionistas, sino a todos los grupos que afectan o son afectados por su actividad: empleados, clientes, proveedores, comunidades, etc y, por supuesto, inversores. Frente a la visión clásica de Milton Friedman (según la cual la única responsabilidad de la empresa es maximizar el beneficio para el accionista), la teoría de los stakeholders propone un equilibrio inestable entre intereses muchas veces contradictorios. El

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