¿QUIÉN MATÓ EL ROCK?

Hace unos días se publicaron los cabezas de cartel del Resurrection Fest del 2026. Iron Maiden, Limp Bizkit, Marilyn Manson son los tres nombres con más peso, seguidos de Trivium, Cavalera Conspiracy, P.O.D. y Blood Incantation, en una segunda fila y por otros 10 nombres cada vez más pequeños de entre los que no destaca ninguno en particular, o destacan todos, en función de tus gustos musicales. 

Pero independientemente de si te inclinas más por el nostalgia Nu Metal cristiana de P.O.D., por el satanismo de postal de Marilyn Manson o por la profundidad discursiva de Blood Incantation (de lejos lo más interesante de lo publicado hasta la fecha), lo que más me llama la atención no son los nombres sino los números. 

Sacando a los mencionados Blood Incantation, cuyo primer disco es del 2016, tenemos que irnos hasta el 2008 para encontrar el primer lanzamiento más actual y este es de Cavalera Conspiracy, la banda de los hermanos Cavalera que debutó en el 1985 con Sepultura, con lo que no podríamos hablar precisamente de unos chavales. Después le siguen Trivium (2003), Limp Bizkit (1997), P.O.D. (1994), Marilyn Manson (1994) y Iron Maiden (1980). Pero no os penséis que mejora demasiado si escarbamos un poco más en los otros diez nombres. Hay solo dos propuestas cuyo álbum debut es posterior al 2020 (Thown, 2021 y House of Protection, 2024). De entre los ocho restantes no encontramos nada hasta 2011. Y uno podría pensar “bueno, no hace tanto” pero para arrojar un poco de perspectiva, me gustaría solo dar dos datos. La primera es que para cuando se celebre esta edición del Resurrection Fest hará 15 años del lanzamiento de estos discos. La segunda es que entre el Please Please Me de The Beatles y el Nevermind The Bollocks hay menos años y un salto cuántico en cuanto a sonido. Para terminar esta desoladora clase de matemáticas deciros que si sacamos la media de las óperas primas de estas 17 bandas, nos sale como año debut promedio el 2004. 

¿Cuáles son los motivos, pues, que han llevado al rock y a los rockeros a refugiarse en su propio pasado?

El primer motivo que uno podría pensar es que ya no se hace rock. Pero este argumento queda rápidamente invalidado el día en el que lanzan el cartel entero del festival y te das cuenta que efectivamente hay muchas más bandas con chicos y chicas (sobre todo chicos) de menos de 30 años tocando rock de las que pensabas. Aunque para encontrarlas tienes que hacer casi un trabajo de arqueología entre toda la maraña de nombres y estilos del line up. Pero haberlas haylas. Lo que pasa es que no venden tickets. Quienes sí lo hacen son todas esas formaciones cuyos nombres conocen hasta las madres y se van arrastrando por los escenarios más grandes del mundo hasta casi literalmente el día de su muerte. Y aquí tenemos un problema.

A veces suelo escuchar el argumento de que estas bandas de dinosaurios deberían “dejar paso a las nuevas generaciones”. Pero esto no tiene sentido. ¿Qué se supone que debe hacer Judas Priest cuando le ofrecen ser cabeza de cartel y presumiblemente uno de los tres cachés más altos del festi? ¿Deben simplemente retirarse de los escenarios y no optar a la posibilidad de seguir ganando cantidades ingentes de dinero haciendo lo que más les gusta? ¿O tal vez tendrían que declinar la oferta alegando que prefieren que ocupe su puesto una banda menor que no va a vender una puta entrada porque nadie quiere verlos tocar? 

Los únicos responsables de perpetrar este anquilosamiento musical son los propios rockeros a quienes sospecho que jamás les gustó el rock, sino la idea de rock. El motivo por el cual hay solo dos bandas de los 2020 y 15 de entre los 80 y los 2000 responde, muy probablemente, al mismo porcentaje de jóvenes que escucha rock ahora en comparación a la que lo hacía antes. El rock es (o fue) una forma de disrupción, de rebeldía (empaquetada, mercantil y manufacturada, pero rebeldía al fin y al cabo) y de definición del individuo. En una edad (la adolescencia) en la que uno desea, por encima de todo, identidad propia, significarse como sujeto independiente de la generación de sus padres y romper con el estatus quo, el rock funcionó siempre a las mil maravillas. Con los años fueron apareciendo más opciones para las nuevas generaciones y grupos sociales, tales como el hip hop, el techno, el reggaeton y el trap pero todas ellas cumplían la misma función. Dar por culo, vaya. 

A los rockeros jamás les gustó el rock. Si les hubiera gustado realmente el rock hubieran ido refinando su gusto en la medida en la que el rock ha ido presentando nuevos sonidos y nuevas propuestas y relegando, tal vez no al olvido, pero sí a un segundo plano más de culto, las formas más pretéritas del género. Pero no. Los rockeros siguen queriendo escuchar rock. Pero el rock que escucharon entre los 14 y los 19. Por eso creo que en realidad no les gustó nunca el rock. Les gustó ser jóvenes.